viernes, 26 de marzo de 2010

ENTREVISTA A JAVIER LÓPEZ, HERMANO DE LA SALLE, EN IBIZA

Entrevista publicada en la revista Vida Nueva,
el 18 de marzo de 2010
(Luis Alberto Gonzalo-Díez, cmf) Este leonés de 37 años tiene las cosas claras. Bueno, hasta donde se puede. Andar por los caminos de Dios siempre tiene incertidumbre. Se define como “normal y corriente”. Valora la vida, la amistad y, sobre todo, cómo Jesús ensanchó su corazón. Conoce el mundo laboral y la “tensión por medrar”… hasta que se encontró con su sitio. Lo dicho: normal y corriente, pero feliz… y sensato.
Esto de entrar en una congregación hoy es casi un acontecimiento, ¿no? Es cierto que todos podemos llevar una vida cristiana, de entrega a los demás, de seguimiento de Cristo desde cada una de nuestras realidades. Sin duda, se puede llevar una vida muy intensa siguiendo la Buena Nueva como seglares comprometidos, como padres de familia, como buenos profesionales… Hace pocos días escribí mi carta de petición de entrada, donde citaba este texto: “No ser amado es una desgracia; no saber amar, una tragedia. Cuando se ha tenido una vez la dicha de amar intensamente, se emplea la vida en buscar de nuevo aquel ardor y aquella luz”. Y yo experimento hoy en mi cada día y en cada pequeño detalle que me rodea el amor de Jesús. Te diría que no me queda más remedio que optar así por Él.
Pero en Europa, ¿se acabaron las “llamadas”? Ni mucho menos. Son menos numerosas que hace cincuenta años, pero el mensaje de Jesús sigue teniendo empuje, fuerza, vitalidad y sitio en el corazón de la gente joven. Vivimos un cierto “adormecimiento”. Hay que despertar. La clave está en las presencias más que en las obras. Uno se enamora del proyecto de Jesús a través de personas enamoradas de Él. Gente que exprese, sin estridencias, la alegría de ser religioso. Gente feliz, que lea con felicidad la vida. Esa transmisión es la que hay que cuidar.
Una congregación de hermanos, no sacerdotes. ¿Qué fue lo que más le atrajo? Yo fui trabajador contratado en La Salle. El contacto con muchos de ellos me hizo descubrir que en sus vidas hay verdad y mucha generosidad. Creo que tuve la suerte de conocer hermanos profundamente convencidos de la causa. Sus vidas me hicieron entender que por qué no, que también para mí podía ser ese proyecto. La verdadera pastoral vocacional es el contacto y contagio de personas “encantadas” de lo que viven. ¿Por qué La Salle? Pues a parte de por lo que he transmitido de especial que respiran los hermanos, por su estilo, carisma, su entrega a la educación de los más pobres, la materialización de la fe y del seguimiento de Dios en su día a día, entre otras muchas cosas.
Entonces, la pastoral vocacional consiste en… Presencia y cercanía. Debemos estar en el mundo, que se nos vea, con los pies en el suelo, comprender los problemas de los jóvenes, estar disponibles y accesibles, dispuestos y atentos a todos los que, a lo mejor, no saben o no se atreven a hablar de sus sentimientos. Ser un ejemplo de alegría, de felicidad en la vida que llevamos, ser un ejemplo de oración, de transmisión de la Buena Nueva, del seguimiento de Jesús… Consagrados hermanos, no maestros.
Hablemos del futuro. ¿Cómo ve la Vida Consagrada en España dentro de diez años? ¿Cuál es el camino que usted piensa que va a emprender? Ya me gustaría tener una bola de cristal para dar respuesta a esta cuestión. Yo creo que vamos en un camino de Vida Religiosa en comunión, de relación intercongregacional, incluso de comunidades de distintas congregaciones unidas por la misión, que nos hagan crecer y aprender de los demás, pero sin perder cada uno de nosotros nuestra identidad. Veo la necesidad de caminar más unidos y de aunar esfuerzos para que tengamos una presencia activa dentro de la sociedad, muy unidos a todos los que buscan el bien. También veo un futuro en el que es más importante la Misión (con mayúscula) que la pequeña parcela de cada uno. Yo lo que veo es vida.



No hay comentarios:

Publicar un comentario